Mi madre me peinaba y comenzaba el terremoto 1985

Veiamos la televisión. ¡Siempre con ese volumen tan alto! ¡Tan molesto! Doloroso como el ritual diario de desenredar mi cabello.

Mi madre me dijo que salieramos al patio — pero no me dijo que el terremoto había comenzado, con ese afán extraño que tienen algunas madres de proteger a sus hijos de la realidad evidente — y mientras caminabamos hacía el patio el mundo dejo de estar quieto.

La tierra creyó ser el mar y unas grandes olas se alzaron imposibles en el piso.

Fue increible para mi, recuerdo con claridad como estaba de pie y al mismo tiempo el suelo estaba vertical junto a mi mejilla. No tuve oportunidad de averiguar como era eso posible. Llegamos a duras penas al patio donde mi padre ya nos esperaba.

Nos quedamos ahi mirando el cielo que, como el telón de fondo de una impresionante coreografía, enmarcaba la danza de tres árboles que saludaban con la totalidad de sus ramas, oscilando sus troncos como si solo fueran las varitas mas flexibles. Parecía que las copas podrian rozar el suelo a cada inclinación.

— En este momento está muriendo mucha gente — dijo la sabia voz de mi padre, hombre de pocas pero precisas palabras. Mi madre lo silenció con un gesto — No asustes a la niña —

La niña no estaba asustada. Estaba asombrada por la puesta en escena de fuerza y poder de mamá Naturaleza. 

Veintinueve años después dos de los tres árboles murieron cortados, dejando su sitio a tres automóviles muy feos, el que sobrevivio aún esta lleno de pajaritos que aquel dia no estabán.

La danza de esos tres titánes fue casi silenciosa, solo se escuchaba el canto de sus hojas al batir el aire y nada mas. Ni un perro, ni un ave… ni un grito.

Mi padre tuvo razón. La perdida de vidas fue incalculable. No estabamos preparados para ello. Sin embargo, el espíritu de la solidaridad se hizo presente entre todos los que sobrevivieron. Apenas terminó el terremoto la gente comenzó a organizarse, a remover escombros, a rescatar heridos. Se formaron cuadrillas, las mujeres reunieron alimentos y prepararon grandes cantidades de comida para los improvisados rescatistas. Cuando la respuesta del Gobierno llego varias horas después, los vecinos ya estaban organizados y ya se habian salvado cientos de vidas. 

Los siguientes dias y semanas no fueron fáciles, perdimos muchas cosas, como beber agua directo del grifo (ahora se bebe agua de botella o de garrafón porque decían que las grandes tuberias estaban llenas de cadáveres)

Contar todo lo que sucedió seria interminable.

Ahora hacemos un simulacro masivo cada año y recordamos a los que no sobrevivieron. Hemos vivido algunos temblores mas, pero nunca otro de tal magnitud. 

Es curioso como un terremoto hace que recuerdes con exactitud que estabas haciendo en ese preciso momento, incluso casi tres decadas después.

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One Comment

  1. Indudablemente hay momentos que dejan una marca indeleble en nuestras memorias y/o en nuestras almas, vivir un terremoto de tales magnitudes, sin saber que estaba ocurriendo pero siendo consciente de que lo que fuera era algo extraordinario sin duda es uno de esos.

    Aun tengo el vello en pie pues al leerte he vivido el peor terremoto de la historia contemporanea de tu pais desde los ojos de la niña que fuiste. Gracias

    Le gusta a 1 persona

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